El regreso de la sombra
Columna de opinión --- En poco más de veinte días, un nuevo presidente se posesionará en Colombia. No es un relevo cualquiera: es la llegada de la ultraderecha más acérrima que he visto en mi vida, incluso más radical que el uribismo que ya conocimos. Lo que me estremece no es solo su triunfo, sino que más de diez millones de colombianos lo hayan votado y que hoy admiren sus ideas como si fueran la salvación. Pero yo las veo como lo que son: violentas, peligrosas y, sobre todo, posibles. Porque él no ocultó su guión. En campaña habló de “destripar a la izquierda”. No fue una metáfora, fue una amenaza directa a todos los que pensamos distinto. Y ojo: en este país, “ser de izquierda” es un comodín despectivo para estigmatizar a cualquiera que no aplauda el statu quo. Yo me reconozco de izquierdas, pero sé que muchos de los que hoy son señalados ni siquiera militan en nada: son simples ciudadanos, pero que no comulgan con el fascismo que este señor predica. Y por eso mismo, ya...