El bisturí y el conjuro
Dicen que la realidad supera a la ficción, y si Gabo hubiera estado en esta cabina ese día, quizás habría encontrado el final para una novela que ni siquiera él se habría atrevido a soñar. Pero yo no soy escritor; solo fui una de las personas que en 2008 comandó una operación aérea. Mi misión era quirúrgica; usaríamos el bisturí más contundente del arsenal convencional. Desde inteligencia nos habían alimentado con historias que rozaban lo fantástico, las cuales, básicamente, creo que son mentiras, pero esto es parte de nuestra estrategia. Nos hablaban de un grupo de terroristas que, escondidos en el lugar más inhóspito y olvidado del mundo —la selva amazónica—, gozaban de tecnología que ya quisiera la NASA. Según los informes oficiales de las fuerzas armadas de Colombia y los Estados Unidos, agentes infiltrados les habían decomisado un saco con treinta kilogramos de material radiactivo que contenía, entre otros compuestos químicos, isótopos de uranio 235 y uranio 238...